Mi Manchester #50

South Stack Lighthouse, Wales, U.K.

¿Qué tiene Manchester? No lo sé, pero es aterrizar y sentirme como en casa. La primera vez que estuve en España (el pasado Junio), el viaje de vuelta se me hizo eterno. De Valladolid a Madrid en tren, luego el aeropuerto, el viaje en avión y, después de aterrizar, coger el bus a casa… En este último tramo fue cuando me di cuenta de que me sentía bien en Manchester, pero no lo di importancia.

Tras pasar tres semanas con mi familia y amigos estas pasadas navidades, la vuelta se me hizo cuesta arriba. Pensé en dejarlo todo y volverme a España, pero la situación económica y laboral me tiraba para atrás cualquier planteamiento, así que tenía que apechugar con y mirar adelante. Tuve una multitud de encuentros y despedidas. Me dio tiempo hasta ver a viejos amigos con los que estudié en EGB. Desde que me fui de mi tierra natal a Madrid nunca había pasado tanto tiempo en Valladolid, junto a los mios. La única solución que vi para que aquello no fuera doloroso era hacer despedidas rápidas.

Las despedidas rápidas son las de levantarte del sofá, coger la maleta, dar los besos, un breve abrazo y dirigirte a la puerta. Adiós. Las despedidas comunes que hay en España empiezan con un “bueno… va siendo hora de irse”, mientras te quedas acoplado en el sofá viendo el final de la película. Cuando esta termina, vuelves a repetir… “bueno… va siendo hora de irse”. Te levantas y surge una situación extraña en la que te pones a hablar de algo insustancial que te lleva a estar media hora de pie con el abrigo en la mano. Tras la conversación, volvemos a decir… “bueno… “.

Despedidas rápidas. A pesar de ello, el viaje de vuelta seguía siendo cuesta arriba. Hice una breve parada en Madrid y, al día siguiente, cogí el vuelo. Eterno e incómodo. Pero, de nuevo, cuando me metí en la cama de mi casa inglesa, me sentía bien, tranquilo y sosegado. Con insomnio de felicidad, por lo que extrañado de esta satisfacción, me puse a escribir, sin respuesta, ¿qué tiene Manchester?

 

    Hotel #006

    Milan tenía al lado a un viejo oriental. Era tan flacucho como los fajos de veinte quid que gastaba en la máquina. La misma ruleta virtual a la que jugaba él. Milan tan solo había utilizado uno de esos billetes y seguía en racha, al menos es lo que parecía, pero no. Una vuelta más de la ruleta y todo se fue al carajo.

    Es por tu culpa”, soltó en un inglés claro. Milan siempre le decía lo mismo al chico español, con tono seco, pero con una leve sonrisa en la cara. De vuelta al trabajo en el hotel, los dos se compraban unos sandwiches. “Un día te tengo que llevar al centro comercial. Allí hay buena comida y barata. “This is a crap”.

    Tomar el aire fuera del edificio les daba fuerzas hasta terminar la jornada, pero a veces se les iba de las manos y el trabajo se les acumulaba demasiado. El carro llegaba al sótano con una montaña de sábanas y toallas sucias.

    Todos los días salían a dar una vuelta, pero solo el lunes era cuando Milan jugaba. “Las máquinas están frescas”, decía. El español le miraba con cara perplejo cómo perdía una y otra vez dinero. “Es tu culpa”, le volvía a decir. Pero esta vez, Milan tuvo una contestación que no esperaba: “Voy a dejar el hotel”. Milan hizo una sonrisa forzada. “Good for you”.

    Semanas después llegó el último día del español y los dos se fueron al centro comercial. Milan no paraba de hablar de la buena comida que preparaban allí. Llegaron en autobús y se adentraron en una diversidad de locales con la gastronomía de cualquier parte del mundo.

    Milan sacó uno de esos billetes con el que tanto le gustaba jugar y sonrió. “El otro día que no viniste gané. Te lo dije, era tu culpa”. El español le miró sorprendido y le soltó en su mal inglés: “Changes always good”. 

    Relato en PDF.

      Mi Manchester #49

      Las charitys (voluntariados) en Manchester crecen como las setas en el campo. Gente que sale disfrazada de tigre para llamar la atención y pedir calderilla para la causa es algo común cada fin de semana. Hay de todo y para todos, pero, de momento, no me he “alistado” en ninguna. Como me gusta viajar, mi idea era irme a otro continente a ayudar a alguna ONG. Pero no es fácil y es caro.

      Quizás soy un ingenuo y lo veía tan sencillo como ir allí, trabajar, comer, dormir y al mes volverme. Analizaré el programa de una de las “ofertas” que me ha llegado. Esta es de sabática (No es una ONG como tal, sino una intermediaria en todo tipo de actividades. Me parece muy interesante su web, por cierto):

      Asesoría y documentación
      Gestión del puesto de voluntariado
      Orientación en destino (medio día)
      Traslado de llegada y hotel (Delhi)
      Alojamiento en casa voluntario* régimen de PC *
      Todo el traslado relacionado con el proyecto
      Visita al Taj Mahal y excursiones mencionadas**
      1 semana de yoga matinal
      Material para el proyecto
      Donación al proyecto
      Supervisión durante la estancia
      Asistencia 24 horas  7 días a la semana
      Certificado de asistencia y participación

      Todo esto por mil euros dos semanas (depende el destino puede ser más caro). ¡¡Dos semanas!! Bien. Entiendo lo del asesoramiento y documentación, (no es como ir allí y ya está. Es serio). Traslados y hotel. Material. Incluso supervisión y asistencia. Hasta ahí. (Esto demuestra que está todo muy bien organizado. En definitiva, es serio).

      Ahora bien, ¿Qué es eso de visitas y excursiones? Esto no lo entiendo. Esto se convierte en un programa de turismo solidario, sin más. Lo del yoga matinal me parece de risa. (Me recuerda a las actividades que aparecieron en la Acampada Sol).

      Lo de la donación al proyecto me toca más las narices. Me estoy gastando una pasta en el vuelo, en la estancia, y mi tiempo para trabajar en un proyecto y todavía no es suficiente. El problema no es solo ese, sino que no es una opción. El donativo está incluido en lo que pagas. (Si quisiera donar algo, no me gastaba esa pasta en ir allí a colaborar).

      Y como guinda del pastel, tenemos “Certificado de asistencia y participación”. Yuju. Podré enseñárselo a mis amigos. O mejor aún. Enmarcarlo para que lo vean mis visitas a casa. Ahora en serio, ¿es necesario? ¿De verdad? ¿En esto se ha convertido el voluntariado?

      Este caso es muy similar a otro con el que me he encontrado (excursiones incluidas también). Como he dicho, aquí en Inglaterra hay charitys en cada esquina, pero no me veo disfrazado de tigre los fines de semana para pedir limosna, de momento, por lo que seguiré buscando.

        Mi Manchester #48

        No duermo bien, en general, pero que el granizo golpee mi ventana, tampoco ayuda. Ha sido una señal de que el invierno está aquí y ver el jardín un poco nevado lo ha confirmado.

        Supongo que ya no veré a mi amiga la ardilla en un tiempo , a la cual Amir la desprecia llamándole roedor, sin más, pero “es mi ardilla” y creo que con este frío es mejor que se refugie allá donde viva, por su bien. Por mi parte, yo me refugiaré en España. Mi tercera visita desde que llegué a tierras inglesas.

        El tiempo pasa deprisa y he cumplido años. Tuve que trabajar en una boda, pero por suerte era India y ellos sí que beben alcohol, por lo que acabé abrazado y borracho al novio. (Literalmente). Siempre he dicho que en este tipo de bodas la gente se porta genial, pero también son capaces de haber covertido un día de trabajo en un día que no se me olvidará en la vida. Este es el tráiler de la boda:

        También han sido las elecciones en España y muchos de los que estábamos en Manchester tuvimos problemas para votar. El consulado ha sido cerrado y ahora esta región pertenece al consulado de Edimburgo (más de dos horas en tren) con el agravante de que solo abre entre semana, por lo que ir allí a hacer el papeleo, ya que no teníamos otra manera, se hizo complicado. Yo no pude votar.

        Espero que antes de embarcar haga un muñeco de nieve y pueda saludar a mi amiga la ardilla para contarle que me voy a ver a mi familia, a reflexionar y a descansar para enfrentar el nuevo año con fuerzas.

          Hotel #005

          Le dibujó un tigre. Como el de los dibujos animados, uno que salía en Disney, le insistió él, pero ella seguía sonriendo mientras negaba con la cabeza. Me suena el dibujo, remarcó para que él no se sintiera mal. «Así soy yo», soltó él entusiasmado mientras intentaba sacar bíceps. La chica casi tiró la copa del ataque de risa. De pronto, ella se disculpó y se volvió al grupo de amigas.

          Él pidió otra copa más y vio a su amigo, con la misma estrategia del dibujo, solo que éste no sabía dibujar bien y hacía un cocodrilo junto a una luna. Tras terminar su bebida, asumió que la chica no iba a volver y empezó a enumerar sus defectos para tratar de comprender por qué carajo siempre le funcionaba más el cocodrilo y la luna a su amigo.

          El juego se lo inventaron hace unos años. Una forma extraña de ligar con el que pretendían engatusar a las mujeres y dar pie a una conversación que terminara en la cama de alguno de los dos, pero esta vez a él no le funcionó, por lo que volvió a dibujar otro tigre más.

          La chica por su parte intentó evitarle durante el resto de la fiesta. Un evento al que la empresa había reunido a un centenar de comerciales para largas y agotadoras conferencias y alguna que otra bronca por no llegar a los números exigidos. Como colofón final estaba la barra libre de la última noche.

          No era la primera vez que ella asistía a ese espectáculo y, por lo tanto, contaba con la resaca del día siguiente en la habitación del hotel. Pero esta vez, además, se vio con la sorpresa de que la ducha del baño de su cuarto estaba ocupada, en el suelo había un traje gris, manchado con algún tipo de bebida, y en la mesilla reposaban dos dibujos: el del tigre y el del cocodrilo con la luna.

          Se agarró fuerte al edredón, mordiendo un poco la tela, y deseó con todas sus ganas que el tipo que saliera de la ducha fuera el que dibujó el cocodrilo.

            Mi Manchester #47

            (Foto. Birmingham, U.K.)
             

            Una reflexión de barra de bar me vino a la cabeza mientras me pinchaban en la sala de donación de sangre. Tenía algo que ver con una gota de sangre comparado con el resto del cuerpo, algo así como el ser humano y el universo, parecía como si la aguja, en una milésima de segundo, me provocó un vómito de ideas absurdas, como una fiebre. Hasta que la enfermera me sacó de mi ensueño con un chasquido y un meneo de cabeza. Aquello no iba bien.

            Me había registrado por internet y fui a mi cita en el centro de Manchester. Al igual que en España, tuve que rellenar un papel donde confirmaba que no había tenido ninguna enfermedad como el SIDA, entre otras muchas preguntas.

            Me hice donante de sangre por mi amiga Ana. Recuerdo cómo me doblegó la primera vez que me habló del tema. ¿Por qué no donas sangre?/ Porque me dan miedo las jeringuillas/ Solo es un pinchazo/ Ya, pero…/ La gente necesita sangre/ Ya, pero…/ Y si tu necesitaras…/ Vale voy. En Madrid, donde empecé a donar, hay autobuses que recorren diferentes barrios. Entras. Te tratan muy bien, te hacen un test, te sacan la sangre, te cuidan, te dan un sandwich y en todo momento te dan las gracias. Al poco tiempo recibes una carta agradeciéndote tu donación y te dicen si tu sangre está en buen estado. Donas y te haces un análisis. Todo en uno.

            El día que fui a donar aquí, en Manchester, estuve rodeado de un grupo de jóvenes judíos (todos llevaban el Kiphá). La enfermera que me atendió tenía un inglés mancuniano por lo que apenas la entendía, excepto cuando me clavó la jeringuilla que me repitió varias veces sorry. Pero mientras me colocaba el “cableado” se dio cuenta de que algo no funcionaba bien. Mi sangre no salía con presión. Me temí lo peor y, efectivamente, sucedió.

            No había bebido mucho agua ese día, por lo que no pude donar sangre, no fluía bien. La enfermera me pidió perdón de nuevo al sacarme la aguja y me explicó que podía volver la próxima semana. Aún así, me gané un vaso de chocolate (No el típico de España, sino que aquí es como un cola cao).

            Al salir, con dolor en el brazo, me acordé de las palabras de mi amiga “¿Por qué no donas sangre?”. Mi contestación, llena de ira, fue clara: “Coño, lo he intentado”.

            PD: Toda la información para donar sangre en Inglaterra en esta web.

              Mi Manchester #46

              (Foto. Pos it apoyando el lema “I love Manchester”, tras los disturbios en Agosto).

              Se acerca Navidad. Por estas fechas, la calle Preciados de Madrid empezará a ser intransitable y en la Plaza Mayor habrán montado las casetas para comprar adornos navideños y los gitanos venderán en una esquina el musgo. Esto es similar, pero en pequeño, en Valladolid, por lo que supongo que en el resto de España sucederá igual. En Manchester, tampoco se quedan cortos.

              Hace una semana estuve viendo los fireworks, o como dicen en nuestra tierra, los fuegos artificiales. Llevaban promocionando tal evento durante bastante tiempo y parecía el acontecimiento del momento, o del mes, así que allá que me fui con mis amigos españoles y algún inglés que tuvo que soportar nuestras risas.

              Las risas no fueron a costa de él, sino de los fireworks.  Cuando llegamos al parque donde fue el evento, vimos a medio Manchester allí. Era de noche y apenas un par de luces de obra nos señalaban el camino hacia el parque de atracciones que montaron para un ¡DÍA! Claro, como era en un parque y esto es una ciudad inglesa, los más listos llevaban botas de agua.

              Los fuegos artificiales los vimos desde una explanada llena de barro y pasando un frío que pelaba. Creo que para explicar la basura de fuegos que vimos ya he hablado demasiado. Lo resumiría en que quizás había crisis y no querían gastarse mucho.

              Una semana después era “el encendido de luces”. Otro acontecimiento en el que albergó a medio Manchester en la plaza del ayuntamiento, por suerte hizo bueno esa noche y el espectáculo de fuegos artificiales mereció la pena. Música en directo y fuegos para dar comienzo a la navidad… en noviembre.

                Mi Manchester #45

                Si no fuera porque estoy trabajando con Amir,  no podría traer a Mi Manchester este tipo de película proveniente de Bollywood. Se títula “Ra one“, una mezcla entre Matrix, Terminator y Transformer, según palabras de my friend. Este es el tráiler que se ha estrenado en octubre:

                Y su banda sonora me tiene locamente enganchado:

                 

                 

                 

                  Hotel #004

                  Ni se ha molestado en recoger un envoltorio de caramelo que había en mitad del pasillo. Lo ha tenido que pisar.

                   –Ganará el mínimo, el pobre. – Dijo el abuelo mientras la abuela envolvía una caja de bombones en papel de regalo.

                   –Iba vestido con unos pantalones roídos en los bajos, que se los iba pisando. ¿Y la camisa?, le venía grande, por cierto, y no llevaba su nombre como el resto… Iba por los pasillos dando los buenos días con una sonrisa de oreja a oreja, parando su carrito y dando paso, como si no se le notara que lo hace de cara a la galería.

                   –Todo ese escaparate es para no perder el trabajo, mujer, supongo que odiará a todos los que se hospedan en este hotel. Incluso a nosotros –dijo el abuelo llamando la atención de la abuela.

                   –Al menos podría planchar la camisa. Y cuidar los pantalones que los lleva descosidos y desgastados. Y ni que decir de las playeras (que no zapatos) que están rotas en el puntapié. Seguro que son del Primark, las más baratas.

                   La abuela terminó de envolver el paquete y miró al abuelo que sonreía con una mirada cómplice.

                   –A ti te cae bien porque es de España y has aprovechado para contarle alguna de tus batallitas cuando estuviste allí. – La abuela dejó el paquete en la mesa y escribió una nota que decía “para el personal de limpieza”.

                   –Sabes, querida –dijo el abuelo dando un beso en la mejilla a la abuela–, yo tampoco hubiera recogido el envoltorio de caramelo.

                  Aquí en PDF.

                    Mi Manchester #44

                    Sigo recibiendo emails de gente que está pensando en venirse a Inglaterra y está preocupada. Como debe ser. Hay que venir con mucho cuidado, pero solo por los hombres mayores que quieren ser tus amigos.

                    Me explico.

                    El otro día estaba esperando el autobús en el centro y un hombre se puso a hablar conmigo. Nada especial, excepto cuando le dije que era español y me contestó que él tenía muchos amigos españoles. Después me soltó si me gustaban mis amigos. Tal cual. Como mi inglés sigue cojeando por todos lados, le pregunté que qué quería decir con lo de si “me gustan” mis amigos, y el hombre me echó una sonrisa que me dio escalofríos.

                    Anécdotas a parte, lo que tenía ganas de contar es la historia de un español más que se vino a Manchester. Se llama Lolo y es de Madrid. Estuvo viviendo menos de una semana en mi casa gracias a que encontró trabajo y habitación. Sí, en una semana.

                    Este es el caso de alguien que vino como yo. Buscó trabajo de “lo que sea”, lo encontró y ha empezado su aventura por estas tierras. “Su Manchester”.

                    Solo puedo hablar de este tipo de personas porque son casos similares al mío. Gente como Berta que curra de camarera y que, después de año, ya está pensando en hacer las maletas de vuelta a España. O como Romina, una asturiana que está sufriendo el mismo trabajo que tuve yo, limpiando habitaciones en un hotel. O Aurora, de la que ya hablé al principio de venir aquí. Ella trabaja a media jornada en el Primark, la otra media estudia inglés y los viernes está poniendo copas en una discoteca hasta las cinco. También anda por ahí Juan, un zamorano que se está intentando sacar el First mientras trabaja en el caffé Nero.

                    Aquí sigue viniendo mucha gente y, lo que es peor, también se van. Unos por más tiempo que otros, por lo que los trabajos de este tipo siempre sobran. De lo único que me preocuparía es por esos señores mayores que quieren ser tu amigo mientras esperas el autobús.

                    Por cierto, le dije que no. Rompiendo corazones en Mi Manchester.