De boda #008

microrrelatos

Cuando recibí el sms, estaba rellenando el trolley con sábanas y toallas. Llevaba un mes en el hotel y aquello me hizo ver una luz de esperanza en aquel destino de obrero. “Si estas interesado en trabajar de operador de cámara y editor ponte en contacto conmigo”, rezaba el mensaje. Es posible que limpiara aquellas habitaciones con más energía, quizás hasta terminara antes de tiempo y estuviera esperando a la hora de salida viendo la tele, no lo recuerdo con exactitud, pero estoy seguro que aquel día me sentí con el karma bailando breakdance.

Como cada día, después de trabajar, me preparé una taza de té y me senté en el sillón del salón a hablar con Massimo y Cristian, los dos italianos con los que compartía casa. El primero estaba escribiendo su tesis, mientras que el otro cocinaba pasta. Suspiré al estirar las piernas y les dije que si tuviera siete vidas como los gatos, en una no haría nada. Ellos no solo se reían de mi sinceridad, sino de que cada tarde soltaba la misma frase tras terminar el trabajo en el hotel. Miré de nuevo el mensaje y me decidí llamar.

Amir, me dijo, aunque en realidad no me aclaré de su nombre hasta que vi su catálogo de fotos. Me atendió en una sala enorme con los muros decorados con buenas fotografías (más tarde me enteré de que no eran de él). Le enseñé mis trabajos y quedó encantado. Mis ilusiones seguían danzando en mi estómago. Él era fotógrafo y quería empezar a grabar vídeos con alguien como yo, con experiencia, así que me propuso empezar a grabar un making of de su exposición de fotos.

Massimo y Cristian vinieron conmigo a la sala donde mostró su catálago. La selección de fotos eran de bodas asiáticas, similares a las que iba a empezar a hacer un mes después, pero todavía no era consciente de eso. Amir se había presentado con un pañuelo rosa en el cuello y vino con la actitud de un artista del soho de New York. Le grabé una entrevista que se hizo él mismo y me pagó cincuenta libras.

A la semana siguiente recibí otro mensaje. Teníamos tres bodas en un mes y un videoclip que grabar. Aquella aventura no hizo más que empezar.

 

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