Mi Manchester #47

(Foto. Birmingham, U.K.)
 

Una reflexión de barra de bar me vino a la cabeza mientras me pinchaban en la sala de donación de sangre. Tenía algo que ver con una gota de sangre comparado con el resto del cuerpo, algo así como el ser humano y el universo, parecía como si la aguja, en una milésima de segundo, me provocó un vómito de ideas absurdas, como una fiebre. Hasta que la enfermera me sacó de mi ensueño con un chasquido y un meneo de cabeza. Aquello no iba bien.

Me había registrado por internet y fui a mi cita en el centro de Manchester. Al igual que en España, tuve que rellenar un papel donde confirmaba que no había tenido ninguna enfermedad como el SIDA, entre otras muchas preguntas.

Me hice donante de sangre por mi amiga Ana. Recuerdo cómo me doblegó la primera vez que me habló del tema. ¿Por qué no donas sangre?/ Porque me dan miedo las jeringuillas/ Solo es un pinchazo/ Ya, pero…/ La gente necesita sangre/ Ya, pero…/ Y si tu necesitaras…/ Vale voy. En Madrid, donde empecé a donar, hay autobuses que recorren diferentes barrios. Entras. Te tratan muy bien, te hacen un test, te sacan la sangre, te cuidan, te dan un sandwich y en todo momento te dan las gracias. Al poco tiempo recibes una carta agradeciéndote tu donación y te dicen si tu sangre está en buen estado. Donas y te haces un análisis. Todo en uno.

El día que fui a donar aquí, en Manchester, estuve rodeado de un grupo de jóvenes judíos (todos llevaban el Kiphá). La enfermera que me atendió tenía un inglés mancuniano por lo que apenas la entendía, excepto cuando me clavó la jeringuilla que me repitió varias veces sorry. Pero mientras me colocaba el “cableado” se dio cuenta de que algo no funcionaba bien. Mi sangre no salía con presión. Me temí lo peor y, efectivamente, sucedió.

No había bebido mucho agua ese día, por lo que no pude donar sangre, no fluía bien. La enfermera me pidió perdón de nuevo al sacarme la aguja y me explicó que podía volver la próxima semana. Aún así, me gané un vaso de chocolate (No el típico de España, sino que aquí es como un cola cao).

Al salir, con dolor en el brazo, me acordé de las palabras de mi amiga “¿Por qué no donas sangre?”. Mi contestación, llena de ira, fue clara: “Coño, lo he intentado”.

PD: Toda la información para donar sangre en Inglaterra en esta web.

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