Hotel #004

Ni se ha molestado en recoger un envoltorio de caramelo que había en mitad del pasillo. Lo ha tenido que pisar.

 –Ganará el mínimo, el pobre. – Dijo el abuelo mientras la abuela envolvía una caja de bombones en papel de regalo.

 –Iba vestido con unos pantalones roídos en los bajos, que se los iba pisando. ¿Y la camisa?, le venía grande, por cierto, y no llevaba su nombre como el resto… Iba por los pasillos dando los buenos días con una sonrisa de oreja a oreja, parando su carrito y dando paso, como si no se le notara que lo hace de cara a la galería.

 –Todo ese escaparate es para no perder el trabajo, mujer, supongo que odiará a todos los que se hospedan en este hotel. Incluso a nosotros –dijo el abuelo llamando la atención de la abuela.

 –Al menos podría planchar la camisa. Y cuidar los pantalones que los lleva descosidos y desgastados. Y ni que decir de las playeras (que no zapatos) que están rotas en el puntapié. Seguro que son del Primark, las más baratas.

 La abuela terminó de envolver el paquete y miró al abuelo que sonreía con una mirada cómplice.

 –A ti te cae bien porque es de España y has aprovechado para contarle alguna de tus batallitas cuando estuviste allí. – La abuela dejó el paquete en la mesa y escribió una nota que decía “para el personal de limpieza”.

 –Sabes, querida –dijo el abuelo dando un beso en la mejilla a la abuela–, yo tampoco hubiera recogido el envoltorio de caramelo.

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