Hotel #003

Estaba predestinado a morir antes de cumplir los treinta, al menos esa era la media en su barrio, pero sus versos entusiasmaron a un manager que andaba perdido por las estaciones del metro de Londres. Le sacó de la calle, de su barrio y, ahora, Jordan era portada de todas las revistas de música.

Jordan provenía de una familia del Congo que había trabajado muy duro para sobrevivir. Él lo sabía y se lo repetía a su novia mientras ella zapeaba desde la cama del hotel donde se alojaban. Eres una ignorante, le dijo a ella, que ni se inmutaba ante las quejas del chico. “Esto es demasiado para alguien como yo”.

Jordan salió del baño secándose las manos en sus tejanos, por lo que al verle, ella le gritó que usara las toallas. “No quiero pagar más”, le espetó. El comentario le produjo tal risa a la chica que casi se cae de la cama. “Todo está incluido, merluzo. Además, tu no lo pagas”.

Él se quedó sorprendido e inmediatamente pensó en llevárselas a su madre. Mientras buscaba un hueco en su maleta, ella, sin soltar el mando del televisor, le explicaba que con el dinero que iba a ganar con los conciertos, las entrevistas y la publicidad, tendría mil toallas mejores que las que allí ponían.

Pero él seguía sin asimilarlo. Se sentó observando cada detalle de la habitación y echó un vistazo por la ventana. Manchester estaba a sus pies, pero él no dejaba de pensar en su barrio marginal. En su gueto y en su familia. Sin dejar de mirar afuera dijo que lo dejaba. Entonces, ahora sí, ella soltó el mando del televisor como si le abrasara la mano. “¿Estas loco? Puedes ganar el suficiente dinero como para comprar el gueto entero… Ella se calmó y se acercó para acariciarle por la espalda. Tampoco quiero que me olvides a mí… dijo con voz acaramelada.

—A eso me refería, dijo él con arrogancia. Te dejo a ti.

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